Arica: 18° 28′ 60″ latitud Sur, 70° 19′ 60″ longitud oeste: estas coordenadas convencionales localizan geográfica y cartográficamente en el mundo el lugar desde donde este octubre ocurre el segundo Encuentro de Fotografía Indígena AYNI 2020. Aunque por esta vez se ha tenido que adaptar la convivencia y la cooperación entre organizadores, invitados, participantes y público al espacio virtual, se ha trabajado por que los contenidos y la experiencia sean palpables para poner en valor las distintas temáticas que reflejan las comunidades de la zona andina.

La fotografía indígena -tanto la que es producida por miembros de una comunidad como aquella producida por alguien ajeno a ella pero que la tiene por objetivo fotográfico-  ha estado ligada en su momento a los estudios antropológicos, sociológicos y étnicos, así también a otras disciplinas científicas, que la han utilizado como material de estudio y que ha sido conservada en archivos de instituciones culturales, científicas o eclesiásticas. Actualmente es difícil encontrar en América latina fotógrafos/as que no hayan realizado en algún momento de sus trayectorias imágenes que contengan aspectos políticos, éticos y estéticos de estas poblaciones o individuos, que nos permitan reconocer y reivindicar las condiciones y los valores de la cultura indígena en sus amplificadas formas de manifestación. En particular, desde este territorio donde la fotografía ha perpetuado un inviolable desfase de temporalidades entre el aparato y su fotografiado/a,  la fotografía indígena otorga hoy un espacio de resistencia y también de acogida crítica a los efectos y las consecuencias de una modernidad que alcanza niveles incoherentes.

AYNI  se enuncia así como un lugar común donde se pueden restablecer las imágenes y actualizar los discursos de la fotografía indígena, poniendo la atención y agradeciendo este año el trabajo de autores/as que han visibilizado la contingencia social, política y cultural como un destino a replantearse, o que han representado los imaginarios pre fotográficos de ritos y geografías del espíritu fundamentales para la vida indígena, o series fotográficas más íntima de narrativas mixtas que dejan entrever la desobediencia de la imagen transparente. Fotolibros y pensamiento son otros espacios del programa donde el diálogo estará abierto para la reflexión y los análisis sobre fotografía de la región sudamericana, y para revisar junto a sus autores -en el caso de los fotolibros-  las decisiones editoriales y metodológicas que se han tomado.

Antes de ceder el lugar al encuentro, no podemos dejar de relevar la importancia de que este evento se expanda desde y por una región identificada con otras que componen la macro zona andina. Recordemos que esta macro zona no pertenece a un solo país si no a una colectividad que fue obligada a una pertenencia civil y republicana que no dice relación en absoluto con su identidad territorial indígena original.

– Carla Möller